domingo, 27 de octubre de 2013

Tengo frío

Quiero entrar en calor, 
calentarme, 
que me suba la temperatura, 
empezar a sudar, 
sofocarme, 
tener fiebre. 

Quiero notar como me abrasa la piel 
y como la sangre me hierve.

Quiero quemarme, 
derretirme, 
evaporarme 
y arder. 

Quiero convertirme en gas 
y entrar en combustión. 

Quiero explotar, 
estallar. 

Quiero ser fuego.

jueves, 24 de octubre de 2013

Taza de Nesquik

Parece que espero con ansia la noche, empieza a ser el mejor momento del día. Poco a poco la gente con la que hablo se va yendo a dormir, tienen responsabilidades al día siguiente. De algún modo les tengo envidia, tienen algún tipo de rutina estudiantil o de trabajo, algo que me gustaría tener. Al final me quedo embobado hasta las tantas leyendo artículos cada vez más chorras. Solo estamos mi insomnio y mi cara de cansado y pensativo. Voy a la cocina a tomar un café o lo que sea. ¿Café? Sí, eso sería perfecto para dormir. Mejor me hago un Nesquik… En vez de tomármelo en la habitación voy a hurtadillas a la terraza, pero la maldita puerta chirría más cuanto menos ruido quieres hacer.
Hace un frío de cojones, y más después de haber llovido, pero de alguna manera lo echaba de menos. Las calles húmedas, el parpadeo de la farola (que lleva así desde que tengo uso de razón), el chirrido de algún grillo y gente que vuelve a casa después de “una gran noche” o de currar. Respiro hondo y el aire frío me llena los pulmones. Me da un escalofrío, normal, ¿A quién se le ocurre salir en manga corta con este frío? He temido por la taza, que con el tembleque casi se me cae y la lío ya de madrugada, menos mal que no ha pasado nada.


Doy pequeños sorbos a la taza y la dejo en una mesa cercana, cruzo los brazos y me veo en el reflejo de una ventana en el edificio de enfrente. La de cosas que han pasado en menos de un año, demasiadas tal vez. Intento no ponerme nostálgico, pero muchas cosas me vienen a la cabeza… Ahora solo hay una falsa simpatía para que no haya malos rollos, una sonrisa forzada para mantener un mínimo contacto y fingir que no ha pasado nada. Cojo la taza y bebo lo que queda del Nesquik, parece que es un pequeño calmante para tanto drama. Mejor me voy a la cama, que ha sido una noche rara.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Me habré acostumbrado

Hace ya unas semanas, se podría decir que casi un mes, que ya no duermo abrazado a la almohada. Me habré acostumbrado supongo, pero no sé si eso es bueno o malo. El pequeño placer de tener la cama para ti y que nadie te robe las sábanas. Pero, siempre hay peros, aun sigo imaginando conversaciones sobre lo que te diría, vomitar cuanto he llegado a odiarte y cuanto te echado de menos. Me habré acostumbrado supongo.
Como de costumbre, acabo escribiendo de madrugada. Soy de vida nocturna, que no por ello significa que me desviva por los bares y las fiestas, que también. Siempre he dicho que la mejor manera de conocerme es en un bar con cerveza en la mano. Por la noche estoy más despierto que dormido, más entusiasmado que aburrido y si a todo esto le sumas que hay menos gente que moleste porque están durmiendo, es el momento perfecto para eso que estas pensado. Y sí, me refiero a escribir.

jueves, 3 de octubre de 2013

Sí, esto es necesario

Me encuentro perdido, estancado, en un punto muerto y SÍ, esto es necesario. No se a donde llegará ésto. Llevo varios blogs escribiendo y al tiempo los cierro o los elimino, o lo que es peor aún, los abandono. Soy una persona poco constante, que le cuesta atarse a las cosas, SÍ un soy irresponsable. No llevo una buena racha en todos los sentidos la verdad, no estoy bien pero estoy mejor que antes (en teoría). 

Últimamente leo artículos muy interesantes y entretenidos de diferentes blogs: El hombre confuso, sombras de neón, bojapalabrado, etc. Gente que escribe, muy bien además y sabiendo que yo podría ser uno de ellos si no fuera por mi maldita pereza. He de encontrar motivación, alejarme de las excusas, dejar en un “ya lo haré en otro momento”. ¡NO, HAZLO YA! Pero las excusas tienen más fuerza de lo que pensaba. No es un no puedo, poder puedo como estoy escribiendo esto ahora de madrugada. ¿Pero qué ocurre? No lo se…vaguería, crisis de los 20 o yo que se que polladas más. 
El caso es que me hundo cada día que pasa sin saber bien por qué o por no querer saberlo. Llevo tiempo buscando algo que no he encontrado (entre otros chascos sin venir a cuento, pero lo pongo porque me da la gana) y ahora de vuelta a casa de mis padres me he acomodado, siempre es más fácil esperar a que te lo den todo hecho. 
Estoy cansado de este estado, y no paro de repetirme lo que me gustaría escuchar: “Inténtalo, no te rindas, no te quedes quieto, tú ves haciendo”. Pero se de antemano que es un placebo y no funciona. La ayuda que ejerce la gente de tu entorno es importante, pero si huyes de ese entorno por X razones ¿Qué? Estás solo y la automotivación diaria se convierte en una lucha que al parecer tienes ganas de perder.


“El movimiento genera movimiento”, una frase de tantas que tengo escritas en la pared para hacerme reaccionar, y más o menos lo estoy intentando ¿No? ¿O este escrito no cuenta porque no es un relato? Por algo se empieza JODER. Sí, lo se, cuando estoy enfadado digo muchos tacos, pero es que es una forma de sacar la ira y la rabia que tengo dentro, acumulada ahí desde hace meses y que aún no he sacado del todo, siempre a cuenta gotas. No, si al final todo se me mezcla, lo personal con el trabajo, es un cúmulo de cosas que me hincha los cojones y nunca revienta (ves lo que decía de los tacos).

En fin… un escrito de lo más improvisado, no lo pienso ni revisar. Verás que la estructura es pésima, la sintaxis mal puesta y seguro que hay faltas ortográficas, pero esto no es un relato preparado, es un texto para soltar algo de mierda que llevo encima.  Así, a lo mejor, se me ocurre por alguna casualidad hacer algo productivo y dejar de lloriquear todos los días.

viernes, 27 de septiembre de 2013

"Y con el frío, llegó la calma"

La habitación revuelta. La cama lleva sin hacerse días, semanas. Las sábanas empapadas en sudor y la almohada en lágrimas. Llevo viviendo en esa cama demasiado tiempo. Me levanto. Mis píes desnudos tocan el suelo helado. Salgo de la habitación, el pasillo y de ahí al salón. Todo parece tener un color azulado. Miro por la ventana, no hay nadie en la calle. ¿Qué hora es? Hace algo de viento y poco a poco van cayendo copos de nieve. "Y con el frío, llegó la calma" me repito. Me siento en la silla y veo que tengo la botella de whisky a medias. Cojo el vaso con desprecio. De repente, me viene un olor a vainilla. Antes me gustaba ese olor, ahora me repugna. Aprieto el vaso. Lo estampo contra el suelo. Estalla en mil pedazos y un cristal me raja la mejilla izquierda. A LA MIERDA LA CALMA

lunes, 17 de diciembre de 2012

Ese silbato sordo del tren

Siempre me había gustado ese sitio. Era un puente a nivel de la antigua estación de tren. La estación la habían cambiado hace ya tiempo y estaba derruida, pero el puente aun seguía ahí. Una estructura de metal indomable a la intemperie. Era un lugar en calma, solo se oía el viento mecer la hierba alta de su alrededor y algún que otro chirrido de las vías. 
Los trenes aun pasaban por allí, aunque ahora solo eran los de mercancías.  El silbato del tren lo inundaba todo cuando sonaba, era un sonido sordo tal que apagaba cualquier otro ruido que hubiera a su paso. Cada vez que me encontraba allí, en lo alto del puente y pasaba un tren, me daban ganas de gritar, quería callar a las voces de mi interior y quedarme afónico de la mía propia. Era como soltar todos tus secretos y saber que nadie podría escucharte.
No voy a negar que en cada grito alguna lágrima soltase, pero por algún lado tenía que salir todo aquello acumulado. Tengo mis propios problemas, como todos, y ese era mi lugar especial dónde expresarme yo mismo sin temor a ser juzgado. ¿Quién va a juzgar a una voz rota por un silbato de un tren?

Hace mucho que no voy, está lejos de dónde vivo ahora, pero supongo que un día tendré que volver. Fue el lugar donde me encontré con ella, donde me acerque por detrás abrazándola y le dije al oído que no había otra mujer en mi vida que ella. Me acuerdo que sonrió sonrojada y me llamó idiota, justo después me besó. Pasó un tren y nos dijimos casi sin poder oírnos que nos queríamos. Nos quedamos allí hasta casi el anochecer. Las cosas han cambiado, pero no deja de ser un buen recuerdo.

Tantos recuerdos alberga ese lugar... tantas penas y alegrías guardan ese amasijo de hierros. Me da pena que lo vayan a derruir, para mi no deja de ser un sitio especial. Pero supongo que es lo más normal, cuando se sueltan unos tornillos, y caes al vacío escuchando ese silbato sordo del tren.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Una carta a las 3 de la madrugada

Sabes, a veces me acuerdo de ti y sonrío. Me acuerdo de cuando estabas conmigo, de cuando me susurrabas al oído, eras mi conciencia. Te fuiste sin decir nada a nadie, excepto a mi. Me sentí afortunado. Ya no estás aquí, te fuiste y sin saber con seguridad si volverás, pero no me importa, hiciste lo que tenias que hacer y me siento orgulloso de ti.
A veces pienso que harías en mi lugar, eso me ayuda a seguir a delante. Debería hacerlo más a menudo, lo se, pero ya sabes cómo soy, tengo la cabeza llena de pájaros. Pero tranquilo, todo está bien, se te echa de menos por eso, pero estamos bien.

Hoy me he acordado de ti, no se porqué, pero me ha levantado el ánimo y ha hecho que no me sienta tan sólo a pesar de no estar aquí junto a mi. Ha hecho que recapacite y que vuelva a estar en mi sitio, sin desvíos. Menudo eres, me das apoyo aunque no estas. Una vez más te doy las gracias.
No se porque he acabado escribiéndote esto, nunca antes te había escrito, pero me apetecía hacerlo. No se, algo diferente supongo, espero que no me lo tengas en cuenta.

Espero que estés donde estés, estés bien, con los tuyos haciendo tus locuras como siempre, pero que estés bien.
Te mando junto a esta pequeña carta un fuerte abrazo. Sí, de esos como los que me dabas tú antes.
Sabes, a veces me acuerdo de ti y sonrío...

Sergio